Foto sacada de “CNN”
El Papa Francisco, nacido como Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires, falleció este lunes 21 de abril de 2025 a las 7:35 a.m. (hora de Roma), a los 88 años de edad. El anuncio fue realizado por el cardenal camarlengo Kevin Farrell, quien, en nombre del Vaticano, informó: “A las 7:35 de esta mañana, el Obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre”.
Samantha López Avalos | Ensenada, B.C
La muerte del primer papa latinoamericano y jesuita en la historia moderna marca el cierre de una etapa clave en la historia de la Iglesia Católica. Durante sus doce años de pontificado, Francisco se distinguió por su estilo pastoral cercano, por su firme defensa de los pobres y marginados, y por una reforma profunda que intentó hacer más transparente, humilde y abierta a la sociedad contemporánea a una institución milenaria.
Francisco murió en su residencia de la Casa Santa Marta, dentro de la Ciudad del Vaticano, tras una larga enfermedad que lo mantuvo hospitalizado 37 días a causa de una neumonía. Aunque intentó mantenerse activo en sus últimos días —incluso impartiendo la bendición «Urbi et Orbi» el Domingo de Resurrección—, no participó directamente en los oficios de la Semana Santa, reflejo del deterioro progresivo de su salud.
Desde que se conoció la noticia, líderes religiosos, mandatarios y ciudadanos de todo el mundo han expresado sus condolencias. El rey Felipe VI de España destacó su “vocación conciliadora” y su lucha por un mundo más justo, mientras que Argentina, su país natal, decretó siete días de luto nacional. El presidente de Italia y el canciller alemán, entre otras figuras internacionales, también rindieron homenaje a su figura. Desde la Casa Blanca, un mensaje sencillo pero contundente: “Descanse en paz”.
A diferencia de lo que dictaba la tradición reciente, el Papa Francisco eligió no ser enterrado en las grutas vaticanas, sino en la Basílica de Santa María la Mayor, donde tantas veces rezó en silencio antes y después de sus viajes apostólicos. También pidió que su funeral fuese sencillo, sin ostentaciones. Se espera que el cónclave para elegir a su sucesor comience en los próximos días.
Con su partida, se va una de las figuras más influyentes del siglo XXI, un líder que desafió con ternura y firmeza el statu quo, y que buscó devolverle a la Iglesia el rostro del Evangelio: cercano, compasivo, valiente. El mundo lo llora, y muchos creyentes, dentro y fuera del catolicismo, lo despiden con gratitud y esperanza.







